ay de estos días leyó el joven en su libro de escritura sagrada, un libro mugroso, casi empolvado, casi grasiento, indefenso al hojeo indiferente del inculto y del docto, al repaso del clérigo esporádico dispuesto a leer a conveniencia o a discreción lo que le quede mejor al momento y a los hechos, lanzó un suspiro vago, profundo con alma de desesperanza, en el habitáculo sucio y desordenado se veían algunas veladoras encendidas, residuos de cera y suciedad mezclándose en las repisas calladas...
Ay de los que tienen hambre y sed de justicia... para estos tiempos la palabra justicia lleva la falda corta y los calzones aguados pensó para sí, y la misericordia... la misericordia se maquilló de hipocresía que dirían los viejos si nos vieran todos atascados en sangre y lodo, en oro y mierda...
... una cucaracha hacía de todo este lugar su paraíso, (inconcluso)
lunes, 7 de abril de 2008
La cucaracha
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Voz, ¿qué me dices?
Bosque me dices...
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