Nueve de Septiembre, 2016, como era costumbre hacerlo cada día, llegó al lugar acordado nuévamente, se dedicó a esperar, a buscar, a explorar muy adentro para esperar percibir el contacto con su antiguo amor, que nunca llegó a serlo como lo entienden los humanos y siempre lo fue como lo saben los dioses, como ella misma lo supo el día en que se conocieron, como puede añorarlo cuando lee aquel poema que ha llevado a su lado toda su vida... de esa forma en que el siempre lo supo, siempre estuvo ahí, nadie podrá jamás robarte de mi corazón, le dijo un día y el decidió tomar eso como una confesión, como un secreto, como una afirmación en contra de todo lo que negaban las palabras y los hechos.
Se sento en una banqueta, sintió en su cabello rojo el aire suave, se dió cuenta del silencio que suele abrigar el lugar en que acordaron verse cada 9 de Septiembre, hay silencios que también signifcan algo, hay silencios que llenan, éscuchó en su mente, nunca llegué a decírtelo, no hubo oportunidad, era parte de lo interesante de nuestra historia, jugar a no poder decirnos nada, nunca te atreviste a regalarme algún te amo, recuerdas que dijiste no conocer el acto final, recuerdas que te dije que podía ver el futuro, sabía que estaba ahí, siempre estuvo ahí, pero el sabía darle su espacio, el decía que Fromm estaría orgulloso de ver la forma en que el actuaba, lo curioso es que el libro prometido, naufragó en intención, se quedó esperando el momento propicio, el lugar idoneo, la situación ideal, y esta también feneció, aunque nunca necesité de libros para amarte Tykhe, ni siquiera necesité que me confesaras en secreto o me negaras